La tradición ceramista en nuestra tierra se remonta a la edad medieval e incluso a la edad antigua. Al paso por estas tierras de griegos, romanos y árabes, todos ellos aprovecharon los ricos y abundantes recursos naturales de esta zona, como arcillas, caolines, feldespatos, óxidos, pigmentos naturales, etc…, para elaborar piezas cerámicas.
A lo largo del siglo XVIII surgen en la zona pequeños talleres familiares de carácter artesano consecuencia de la tradición heredada de griegos y musulmanes, la cual jugará un importante papel en el posterior desarrollo de la industria azulejera.

